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Historia del trazado El hullero en la comarca Infraestructuras

 

 

El "HULLERO EN NUESTRA COMARCA"

El Ferrocarril de La Rozas  38 kilómetros pasan por el sur de Cantabria. Penetra en la comarca por Cuena ( Valdeolea) , estableciendo en Mataporquera un nudo ferroviario junto con el del Norte y se adentra en Valdeprado por Los Carabeos para salir a Las Rozas de Valdearroyo. De los 38 kilómetros citados, 18 bordean el Pantano del Ebro.
La puesta en servicio del ferrocarril en 1894, produce un cambio en la actividad local. En Las Rozas, hasta 1930 fue de suma importancia su implantación como medio de transporte de las fábricas de vidrio, dando salida hacia el mercado vasco su producción.

Por su paso por Las Rozas, "La Robla" forma una especie de ángulo recto: el trazado discurre paralelo prácticamente al Pantano del Ebro desde Arija, hasta la altura de Las Rozas, para adentrarse poco después hacia el interior, en dirección a Montesclaros (Valdeprado). Tiene dos puntos de parada, el apeadero de Llano, en el Km. 193 y la estación de Las Rozas en el Km. 188.
Por Valdeprado del Río, kilómetros 169 a 182 del trazado, discurre íntegramente dentro del terreno de Los Carabeos. Tiene dos puntos de parada, el apeadero de Montesclaros (Km. 181 a unos 900m. de altitud) y la estación de los Carabeos, situada en el barrio de Arroyal (Km. 174 a 960m. de altitud).
En Valdeprado, la aparición del ferrocarril produce un cambio en la actividad económica local, que ha modificado radicalmente su estructura. Esto, junto a la industrialización de las zonas vecinas (Reinosa, Arija y Mataporquera), ha hecho que el propietario de la tierra, actividad principal del municipio, simultánea su cultivo con el trabajo en las fábricas o en La Robla.
La fluidez en el tráfico de mercancías que supone el ferrocarril, y dado su especial característica de ferrocarril carbonero dedicado al transporte del carbón de León y norte de Palencia para el desarrollo de la actividad industrial vizcaína, también produjo una transformación funcional del espacio. De ser un espacio de economía agraria "tradicional", y de pequeña y esporádica actividad de transformación "fabril", se convierte en espacio reserva de materias primas, fuerza de trabajo y fuentes de energía: carbón.
Pero es en Valdeolea y más concretamente en su capital Mataporquera donde el vínculo con La Robla fue más fuerte. Mataporquera era una de las estaciones más importantes del recorrido . Aquí llegaban todos los días seis trenes de cercanías, cargados de carbón, procedentes de Cistierna, que iban engrosando sus unidades por las distintas estaciones del recorrido. Mataporquera llegó a tener en 1925 unos 300 ferroviarios residentes en la villa o aledaños pertenecientes su mayoría a La Robla. Desarrollaban empleos de todo tipo: jefes de tren, jefes de recorrido, agentes de recorrido, guardafrenos, factores, guardagujas, lampistero, hojalatero, personal de vía y obra, etc.

Hacia 1960 empezó la decadencia del Ferrocarril de La Robla, y como consecuencia de ello, también la de las zonas por donde pasaba, en especial Mataporquera, que ve mermar su población, por tener que marchar muchos ferroviarios, al quedarse sin empleo en la villa.
Las causas de esta decadencia están claras: Por una parte, se moderniza el Ferrocarril, y por otra, las fábricas del País Vasco van cambiando el carbón por otros combustibles más manejables e incluso más económicos. Por ello el transporte de carbón ya no es tan importante y el número de trenes se va reduciendo. Y por fin, el "boom" del utilitario hace que el número de viajeros descienda de forma brutal, por lo que poco a poco los Correos se van quedando sin pasajeros.
Durante todo su historia, el Hullero no dejó un sólo día de hacer su recorrido llevando en sus vagones su carga de carbón y forjando a su paso la historia de un país que sin él no sería el mismo. Porque en los mismos trenes que llevaban el carbón hacia Bilbao se fue yendo también en busca de trabajo y de otra vida, la gente que vivía al borde de la vía.

 


 
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